La política en tiempos dificiles

Por Horacio Rovelli

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Los chinos dicen “ojalá te toquen vivir tiempos interesantes” y, el que vivimos, sin lugar a duda lo es, hay que tener muy claro los objetivos, sabe medir las relaciones de fuerza, conocer al enemigo y a nosotros mismos, con la más amplia y profunda acepción de la palabra conocer, que es saber de verdad, para generar una estrategia y dar cada paso.



A su vez Juan Perón sostenía que “La política es construcción de relaciones de fuerza, implica oposiciones, voluntades que se enfrentan, que se asocian, que disputan la apropiación de recursos materiales y simbólicos. Es conflicto, es contradicción, pero es también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas”. Decimos esto porque la situación que se debe enfrentar en lo económico, en lo político y en lo social es compleja y difícil de resolver…pero no imposible. En lo económico no solo nos dejan una deuda que representa el 90% de nuestro Producto Bruto Interno anual, que es la cantidad de bienes y servicios finales que se producen en el año y que se estima en unos 382.000 millones de dólares y, nos dejan una deuda de 343.000 millones de dólares. Si no que, además y principalmente, según un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación, se deberá desembolsar 23.664 millones de dólares en los primeros seis meses del año 2020, con dos agravantes, uno que no tenemos acceso a los mercados de créditos (nadie nos presta un dólar) y, el otro, es que la tasa que se refinancian los títulos que vencen en los mercados financieros, supera en los 2.500 puntos por encima de la tasa de los EEUU, esto es una tasa anual del 26,5% en dólares. Teníamos esa plata, pero desde las PASO, el lunes 12 de agosto, al viernes 25 de octubre de 2019 que se impuso un fuerte control cambiario, el BCRA de Cambiemos vendió 22.636 millones de dólares y, al 10 de diciembre de 2019 se estima que habrá solamente unos 11.000 millones de dólares de libre disponibilidad en el BCRA. Es imposible refinanciar esa deuda, sin quita del capital, reestructuración de los plazos y reducción de la tasa de interés y esa es una puja con el FMI y con los acreedores internacionales de todo tipo.



En lo social se ha empujado a cinco millones de argentinos a la pobreza, más de la mitad de los chicos que viven en la Argentina son pobres, las tres cuartas parte de los jubilados y pensionados no llegan a fin de mes y tienen que optar entre comprar la medicación o comer. Se han roto cadenas del proceso productivo y distributivo llevando la tasa de desocupación de trabajadores a los dos dígitos. Como dijo el Presidente electo, Alberto Fernández, el problema urgente es el hambre y tiene armado un plan para combatirlo.

Y en lo político, no es menor que el macrismo haya conseguido más de 10 millones de votos en las elecciones nacionales del 27 de octubre, si bien mucho de los que lo votaron no gozan de los beneficios de la elite que los dirige, no es menos cierto que ideológicamente le responden y prefieren votar lo vivido, con recesión, con injusticia social y sin futuro digno, antes de lo que ellos consideran un gobierno nacional y popular y por consiguiente el “empoderamiento” de los trabajadores.

En un marco externo desolador, donde las fuerzas reaccionarias apoyadas por los EEUU en la región han logrado hacerse de una manera u otra con el gobierno para administrarlo en consonancia con sus intereses y los intereses de los EEUU, así como la oligarquía argentina se subordinaba al colonialismo ingles a fines del siglo XIX y comienzos del XX, generando un modelo extractivista y primario, como es el hecho de las explotaciones mineras, petroleras y gasíferas y, la soja.

Todas ellas operan con alta rentabilidad y son verdaderos enclaves sin efecto multiplicador sobre el trabajo y el resto de la producción nacional. Si no, preguntémonos cuanta mano de obra demanda la exportación de una tonelada de soja, de oro, de un barril de petróleo o de metros cúbicos de gas.

Es más, la mayoría de las veces se trata de explotaciones contaminantes del agua, del aire y de la tierra, y sin embargo pagan poco o nada al erario público en impuestos. En el caso de las mineras que por tener una ley de estabilidad fiscal por 30 –treinta-años desde el menemismo; en el caso de los hidrocarburos porque nunca se sabe cuál es el costo de extracción y producción, pero se infiere que es seis o siete veces menor que su precio internacional que, en el caso del barril del petróleo es de 58- 59 dólares; para la soja en granos solo se retiene 4 pesos por dólar exportado; y lo mismo con los minerales, esencialmente el oro, dado que la Argentina exportó el año pasado 62 toneladas de oro por 2.442 millones de dólares (ingresa más por exportación de oro que por exportación de trigo o de carne que fueron nuestras ventas emblemáticas) y solo se lo grava desde septiembre de 2018 con $ 4.- por dólar ingresado y a las provincias le paga un 3% de lo que declaran en boca de pozo. Allí también se necesita de mucha argucia política para lograr que esos sectores rentísticos paguen las retenciones que se deben pagar

Argucia política para poder avanzar en un plan de gobierno que defienda los intereses nacionales y populares con lo que, a la vez, va ganando consenso en la población que es la mejor garantía de que los sectores privilegiados del modelo macrista no intercedan o irrumpan como lo hicieron en Brasil y en forma más drástica y cruel en Bolivia. El nuevo gobierno mientras construye legitimidad y poder para realizar las transformaciones necesarias va a ser hostigado por la crítica permanente de los grandes medios y la “presión” de la embassy, que como bien dijera el Presidente depuesto, Evo Morales, en EEUU no hay golpe de Estado, porque no tiene embajada de los EEUU.

No es fácil, se debe avanzar y construir a la vez, sabiendo que la población requiere trabajo y producir, que el hambre no espera y que los demás pueblos de los países vecinos necesitan del apoyo del gobierno argentino. No asumió su mandato, pero Alberto Fernández cumplió y cumple un rol esencial en la defensa de la democracia y de los gobierno democráticos y populares de América, su accionar en el caso de Bolivia, la suma al Grupo de Pueblas y, su condena a la política de intromisión en la región de los EEUU, son auspiciosos, tiene como referente a unos de los mayores líderes de como decía José Martí, Nuestra América, que fue Néstor Carlos Kirchner.




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