No nos regalen rosas, batallen como Rosas

Por Giselle Muñoz

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El 20 de Noviembre recordamos el día de la Soberanía Nacional. Homenaje y reivindicación de la histórica batalla de Vuelta de Obligado que se produjo en 1845 en aguas del Río Paraná donde la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas, frenó el avance de las poderosas flotas anglo-francesas. Esta gesta está inscripta en nuestra historia como una heroica resistencia de las tropas nacionales, símbolo de independencia, libertad y Unidad Nacional.



Mucho podríamos decir acerca del significado actual de soberanía en nuestra querida región, en un contexto marcado por gobiernos entreguistas y saqueadores, que rifan nuestras invaluables recursos y sortean al mejor postor el destino de nuestros pueblos, para servir a un proyecto económico y social demandado por los intereses imperiales del norte. Lxs lectores encontrarán recomendables notas del tema en este portal.

Pero el interés en traer el concepto de soberanía a esta columna está motivado en reflexionar acerca de lo que nos sucede a mujeres y disidencias alrededor de su significado. Si pensamos en la soberanía como la capacidad que tenemos de tomar decisiones autónomas, vemos que para nosotres esa capacidad se encuentra limitada y condicionada por mandatos patriarcales que atentan contra nuestro deseo, voluntad y elección. Mandatos que, en su máxima expresión, tienen hasta el poder de quitarnos la vida. De muchas formas.

La violencia física contra las mujeres golpea de manera dramática en el país y en la región, nuestros cuerpos siguen siendo territorio de violaciones, embarazos forzados, trata, empobrecimiento, discriminaciones de género y de otros tantos tipos de violencias como la económica, psicológica, obstétrica, laboral, institucional. A pesar de los esfuerzos de los movimientos de mujeres y de ciertos sectores políticos, estas violencias logran encontrar impunidad en los fallos del sistema judicial que se encargan de garantizar la reproducción de la pedagogía de la violencia y la crueldad hacia nosotres.

Si pensamos además en la autonomía que tenemos para acceder plenamente a la garantía de nuestros derechos sexuales y reproductivos, en Argentina no sólo nos encontramos con la resistencia a legalizar la Interrupción Voluntaria del Embarazo sino que también vimos irrumpir objeciones dentro del poder político actual para hacer cumplir lo ya conquistado en relación a la legalidad del aborto por causales (peligro de vida o de salud para la persona gestante, embarazo producto de violación). Entre escandalosas idas y venidas, Macri y secuaces dieron marcha atrás con el Protocolo ILE cuyo principal objetivo es estandarizar prácticas y garantizar el pleno acceso a este derecho: no se requiere autorización judicial, no se necesita denuncia policial en caso de violación, evita demoras innecesarias, reglamenta el derecho a la privacidad y confidencialidad, determina el derecho a recibir información comprensible por parte de los profesionales y establece que las menores de edad tienen derecho a ser escuchadas y participar en las decisiones. Con esta derogación muchas provincias continuarán desconociendo el vigente artículo 85 del Código Penal.



La imposibilidad de obtener una plena soberanía sobre nuestros cuerpos, nuestras decisiones y nuestras subjetividades no nos permite librarnos de la posibilidad de morir o padecer en manos de violentos que se creen dueños de nuestras vidas, en manos de un sistema de salud que nos debe cada una de las muertes por abortos clandestinos, en manos de un poder patriarcal que opera para que seamos funcionales al deseo de otros.

La eliminación de la violencia machista y de la desigualdad de género pareciera ser utópica dentro del actual sistema capitalista-heteronormativo-clasista-patriarcal que intrínsecamente se define como desigual. Pero lo que sí sabemos es que dentro de sus límites podemos conseguir reformas y mejoras. Nunca en el marco de gobiernos conservadores, neoliberales, ni dictatoriales. Es a los gobiernos nacionales y populares, que promueven proyectos igualitarios en nuestra región, a los que tenemos que interpelar para que la noción de soberanía pueda empezar a contextualizarse también dentro de la lucha de poder que levantamos mujeres y disidencias para lograr la ansiada libertad para decidir sobre nuestra vida y nuestros cuerpos. Es a ellos a los que tenemos que apostar para exigirles que potencien sus esfuerzos en la eliminación de la violencia machista, en la igualación de derechos, en la reconstrucción de un sistema de salud laico y respetuoso, en la apuesta a un sistema de justicia cimentado en perspectiva de género y en todos los sistemas cruzados de exclusión que operan sobre nosotres por el sólo hecho de pertenecer a una identidad racial, de clase, de género y sexual.




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